La situación de los inmigrantes en EU es "casi de esclavitud, porque atenta contra la condición de la dignidad humana", decía Tomás Eloy Martínez

Tomás Eloy Martìnez. Foto: La Nación Argentina, de donde era columnista.
Buenos Aires, Argentina.
Aquel portón marrón de madera limpísima de la calle Piedras, en el Barrio de Barracas, está abierto de par en par, coronado sobre una escalinata de mármol. Desde la primera fila de los departamentos de la planta baja, una mujer estira el brazo derecho y abanica sus dedos en señal de “pasen, pasen”. Tras los minutos se aparece Tomás Eloy Martínez en una pequeña sala iluminada, donde un radiante sol se aferra al mes de abril. Montón de libros forrados de polvo, luego de mucho tiempo en New Jersey, el periodista regresa a su patria. Entra con sonrisa franca que le alarga las comisuras y le desnuda unos colmillos aguzados; jogin gris, sudadera y zapatillas blancas: casi metido en un pijama. Y antes que mirar sus ojos que parecen aceitunas verdes, salta un tajo de su ovalada frente: resultado de la primera operación por el terrible cáncer.
Ahí estamos, frente al maestro Eloy Martínez, una tapatía recién desembarcada en Buenos Aires y una una catamarqueña (Catamarca, provincia del norte argentino) que se sentía más extranjera que yo.
“Guadalajara”, suelta el autor de Santa Evita, Eloy Martínez, como cuando se recuerda a una buena novia. Hunde el cuerpo en el sillón y posa el puño de una mano: quizá será la última vez que hable en una charla periodística de lo que para él fue construir Siglo 21, aquel diario que marcó un hito en la historia mexicana, no solo de Jalisco.
“Cuando llegamos a Guadalajara empezamos a buscar periodistas y nos dimos cuenta que una buena parte recibía plata de algún partido político o del gobierno, y no queríamos eso”, cuenta el maestro argentino. “Y entonces nos fuimos a las universidades, a la academia: muchos no sabían cómo hacer una noticia, pero sabían pensar”.
Así abre la charla, con alegría, nostalgia y tristeza por el cierre del diario que al principio se sostuvo sin milímetro de publicidad.
Por cerca de dos horas hilará ideas de México, Argentina, la literatura y el periodismo.
Ese abril de 2006, antes de la elección con tintes de fraude entre Andrés Manuel López Obrador y Calderón, opinó que la participación de México era pobre en el tema del apoyo a los migrantes en los Estados Unidos y de la necesidad de un cambio: “No sé cuál será la política del nuevo presidente de México, hasta ahora las presiones de Fox han fracasado, Castañeda llevó como ministro de Relaciones Exteriores una política muy agresiva a favor de las migraciones, también fracasó. Fox tiene una actitud muy pasiva, debería de haber llevado más a fondo esa presión”.
Y usted también es inmigrante en los Estados Unidos...
TEM: Yo la paso bien, pero en verdad la vida está mal, lo cual no tiene qué ver una cosa con la otra. Y yo tengo una situación que es bastante privilegiada en mi Universidad (Rutgers de Nueva Jersey) en donde me tratan tan bien, soy residente en un programa de Estudios Latinoamericanos allí, tengo bastante trabajo administrativo y en la enseñanza cada tanto.
El Presidente de la República tendría que apretar, sobre todo porque está en situación de desventaja, enorme desventaja. ¿Cuál es nuestra desventaja? Nuestra desventaja, como latinos, es la desunión. En verdad, la comunidad negra, en el momento que se alió, se unió y se convirtió en una fuerza, presionó y consiguió todas las leyes que se le dieron la gana.
Si hubiera un proceso de unidad entre las comunidades latinas y una agenda en común, sobre todo a favor de mayores libertades y mayores ventajas de los trabajadores -golondrinas que van y vienen de un país a otro – creo que la situación variaría radicalmente y eso tiene que ver con la presión de los gobiernos. Tiene que ver con el escaso peso que México le ha estado poniendo a favorecer la situación de los migrantes.
Hay un doble juego: por un lado los inmigrantes mexicanos trabajan muchísimo, pero ese muchísimo trabajo deriva en el envío de grandes remesas de dinero de Estados Unidos a México, es decir, la segunda fuente de ingresos a México son las remesas. Para los Estados Unidos es un drenaje de dinero, no hay que olvidarlo, un drenaje de dinero pagado con sangre, sudor y lágrimas, como diría Churchill, porque la gente trabaja de verdad, y al mismo tiempo los migrantes – en la zona donde vivo, creo que la migración de mexicanos se concentra sobre todo en Nuevo México, en Arizona, en Texas y en California; en la zona donde yo vivo hay todo un barrio mexicano ( mayormente de Oaxaca) – están creando una cultura nueva, es una especia de mezcla de identidad que recuerda la formación de las nacionalidades en la Edad Media.
Casi como esclavos...
TEM: Obviamente, creo que la situación de los inmigrantes es una situación casi de esclavitud porque atenta contra la condición de la dignidad humana. Además hay un juego político dentro de los Estados Unidos, nadie quiere defender a los inmigrantes porque pierden los votos de otros sectores de la comunidad.
Cada vez más la presión de la pobreza es incontenible. Estados Unidos le debe mucho a México, tanto territorio, sobre todo, que se le fue arrebatando. Debería haber, además, después del Tratado de Libre Comercio; el Tratado de Libre Comercio es una ficción, es un tratado que deja a México en completa desventaja.
¿Y cómo se ve a la Argentina?
TEM: ¡La Argentina no se ve! Y en verdad se ve muy poco todo el resto de América Latina. Tiene una relevancia cero, menos importancia, incluso, que los países sudafricanos.
Sí, Argentina está mucho mejor en general, el crecimiento, las cifras del crecimiento hablan por sí solas, pero me hubiera gustado que esas cifras se tradujeran en una mayor disminución de la pobreza por el desigual reparto de los bienes. Se me desgarra el corazón cuando veo chiquitas a las tres o cuatro de la mañana en la calle, sobre todo en esta zona o jugando a conseguir dinero de cualquier manera, o buscando en la basura. Eso lleva a la desilusión. Creo que tenemos una generación perdida.
Necesitamos una mejor disposición de la riqueza, que el reparto no se resuelva en discusiones mano a mano bajo presión entre los camioneros y el presidente, hace falta una mayor visión global, una visión de conjunto, pero bueno, yo no soy un político ni tan siquiera un experto y esto es simplemente una impresión de lo que veo.
Argentina era un páramo de pastizales verdes y caballos... No, los caballos llegaron después: era un páramo, no había nada que comer. Entonces, los primeros signos de vida son la antropofagia, pero prácticamente no escritura, prácticamente no hay poesía, no hay teatro, no hay ni siquiera artes pláticas.
Y hablando de antropofagia, les recomiendo el libro Réquiem Por un País Perdido.
Literatura y periodismo
¿Usted siempre oscila entre esto mismo de la realidad a la ficción, las versiones, las creaciones sobre distintas voces? ¿La palabra lo arrastró a eso?
TEM: Es una cosa muy curiosa, aunque yo empecé escribiendo cuentos desde muy chico -mi primera gimnasia fue la escritura de novelas-, fue un descubrimiento en el ejercicio del periodismo, ahí descubrí que en ciertas percepciones que yo tenía como verdaderas, por ejemplo, una larga entrevista que se murió en el año 75, Premio Nobel del 60, Saint-John Perse, a quien vivía en una enorme casa linda en el mar, rodeada por el mar, y la entrevista empezó como a las 4 de la tarde y se fue haciendo noche, y de repente, la construcción desapareció y solo fluía su voz. Entonces el relato fue tomado de algún modo fantástico, apareció en un periódico, fue leído por alguna gente como verdadero, por otra gente como una reconstrucción poética del cuento. Y entonces descubrí que, claro, lo que legaliza la verosimilitud de un texto es el medio. El medio finalmente es el mensaje; si uno publica cosas en un diario o las presenta por televisión.
Me tocó, además, al mismo tiempo, muchas veces, estrenar aquí un programa de televisión que todavía está vivo y que se llama Telenoche (Canal 13 del Grupo Clarín) en 1975. Bueno, con ese programa de televisión, por ejemplo, trabajamos el juego, una de las suspensiones primeras que tuvo el programa. Fue como una huelga de municipales en el año 66 que fue reprimida por la policía; entonces yo les pedí que filmaran en cámara lenta en la represión policial y los golpes de los policías en cámara lenta, sobre la cabeza de los detenidos, son claramente espantosos, pero al mismo tiempo es una distorsión de la realidad porque no suceden en tiempo real; sin embargo, es periodismo porque no es mentira.
¡Los primeros que creen en ese tipo mentiras son los periodistas!
¿Entre ficción y realidad con qué se queda?
TEM: En verdad me gustan las dos cosas porque ambas son un desafío y en el mejor caso donde está la pantalla en blanco, ahora ya no la hoja, pero sí la pantalla en blanco, en los dos casos. El periodismo tiene un tipo de desafío diferente, tiene el desafío del apremio, que es el límite de tiempo, los datos no pueden ser corroborados una y otra vez. Ahora es más fácil porque está el internet, antes era mucho más complicado verificar los datos, había que acudir a los archivos, trabajar con varios archivos a la vez. Por eso, por ejemplo, el conocimiento de varias lenguas es importante. En el periodismo de pronto te falta confrontar un archivo en francés o en italiano o en inglés. En fin.
Pero me da igual placer una cosa o la otra. Me da mucho placer cuando trabajo en la novela y ahogo el borrador y termino el borrador y vuelvo a escribir. Me da mucho placer porque es ahí cuando sabemos que es este el material. La re escritura me produce un placer muy grande. Hay gente que no lo re escribe y no entiendo porque se priva de hacerlo.
¿Qué descubrió en su último libro, La otra realidad: Antología?
TEM: Tiene mucho que ver con algo que yo desconocía y que sin embargo está en mis orígenes porque mi nombre, Tomás, en hebreo significa “El que duda”, ya saben, que el apóstol Tomás, el que le mete el dedo en la llaga a Jesús, bueno. Y es un ejercicio de la duda permanente. Es una larga discusión que tengo incluso con los historiadores a los que he logrado convencer – en muchos casos- de que la historia no está bien escrita porque hasta los documentos mienten.
Siempre hay varios relatos de una misma historia.
Cuando escribo en los periódicos le estoy advirtiendo al lector que lo que está escrito aquí no tiene una sombra de falsedad: “Créame, por favor, porque esto es lo que de buena fe pienso que es cierto”. En las novelas en cambio: “No me crea, por favor, porque es mentira, es una declaración de falsedad”.
(Entrevista realizada el 26 de abril de 2006. Participó: Silvana Avellaneda).
*Wendy Selene Pérez es periodista mexicana.
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