Miércoles Marzo de 10 de 2010
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Despertar de la Consciencia

Yoga para embarazadas o cómo hacer a mamás y bebés más tranquilos y felices

Embarazada. Foto: Denis Hernández.

Embarazada. Foto: Denis Hernández.

Estrés, preocupación, molestias en el cuerpo…es lo que enfrenta una mujer próxima a tener un hijo. El acontecimiento que se supone es feliz puede convertirse en ansiedad abrumadora, sin contar con la agitación de los tiempos actuales. El antídoto es la yoga, disciplina que actúa integralmente en el beneficio de los seres humanos; y, también, en la futura madre.

Maria Eugenia Reyes es profesora de yoga para adultos y embarazadas. Imparte clases en el Centro Narayan Kundalini. Ella conoció los beneficios de la relajación luego de enfrentar una enfermedad.

“Padecía dolores muy fuertes en la columna, y dos veces me había paralizado. Mi médico me dijo que lo mejor era la operación y, por supuesto, no quise. Leí un libro de un médico hindú y a pesar de que el tema principal era el Alzheimer, hablaba de la columna y recomendaba practicar algunos ejercicios de Yoga Kundalini. Yo no sabía en dónde podía aprenderlo. Después, en un anuncio en el periódico encontré un lugar donde ofrecían clases de yoga, decidí inscribirme. Antes  de eso yo no podía dormir por el dolor en la columna. La noche posterior a la primera clase, dormí como nunca. Claro que el dolor no cesó inmediatamente, pero a los dos meses mis dolencias disminuyeron. En dos años ya estaban erradicadas”.

La sorpresa fue mayor cuando observó que su cuerpo se hacía más flexible, incluso en mayor grado que cuando era joven. Como le agradaba ayudar a los demás, tomó cursos para convertirse en maestra de yoga regular, y más tarde aprendió para mujeres en maternidad. Retomó la corriente del Yoga Kundalini, ya que, explicó, se diferencia de las otras porque sus resultados son más visibles a corto plazo, aunque todas tienen un fin positivo.

El pilar de la filosofía yoguística es la respiración: “Aprendes a utilizar tus pulmones. Al hacerlo tu mente se tranquiliza. Cuando tienes claridad en ella, la glándula pituitaria suelta ciertos químicos que van directo a los meridianos del cuerpo”, señaló María Eugenia. La técnica es recomendable para personas aprensivas o nerviosas, a quienes ayuda a serenarse al momento del parto y eliminar miedos.

Cuando la mujer se encuentra más tranquila acepta fácilmente los cambios que tiene el organismo, y así dispone de una conexión más cercana con el bebé.

Existe mucha diferencia entre una mujer preñada que practica yoga y otra que no. “Algunas de mis alumnas han tomado clases en el segundo embarazo y fue más calmado que en el primero. Además, he visto que el 80 por ciento de sus bebés son más tranquilos, y reconocen sin problemas sonidos y olores”.

A pesar de los beneficios mentales, la meditación no actúa mágicamente. “Hay personas que se molestan con algunos ejercicios, debido a que tienen bloqueos mentales. Es necesario eliminarlos para sentirse mejor”.

En el aspecto físico, la yoga ayuda a todos los sistemas del cuerpo: da elasticidad a los tejidos musculares, hace más flexibles las articulaciones, sobre todo la pelvis; fortalece los músculos; activa la circulación y refuerza las piernas para aguantar el peso del niño.

Una mujer que jamás ha practicado yoga puede incorporar esta disciplina en el embarazo. Si la mujer ya es una practicante, el bienestar aumentará.

“Yo lo recomendaría antes de que la mujer decida tener un hijo, igualmente que cuide su alimentación”. Desde las 12 semanas de concepción o a los tres meses es suficiente para que la madre comience con los ejercicios y termine hasta el alumbramiento mismo.

Es muy importante que las mujeres encintas no realicen rutinas sin asesoría de un maestro: algunas asanas (posturas) pueden ser contraproducentes. Los instructores están capacitados para indicar qué ejercicios pueden ser practicados en casa.

Así mismo, en clases se sigue una secuencia que evita que las mujeres se lastimen. Todo depende del propio organismo y el estado físico de cada mujer. No se debe experimentar dolor con ninguna de las posturas ni forzar al cuerpo más allá de su capacidad. Es vital que las mujeres consulten a su médico antes de inscribirse a cualquier curso, el decidirá si es recomendable realizar los ejercicios.

Es necesario que el practicante sea disciplinado y no falte a las sesiones. “Mucha gente cree erróneamente que practicarlo solamente un mes le dará resultados por siempre. Hay que ser constantes”.

Las clases que imparte María Eugenia duran un poco más de una hora, dos veces por semana. Aunque cada alumna establece el tiempo que le dedicará al yoga prenatal de acuerdo a su cuerpo. Eso significa también que cada una se comprometerá a dedicarle tiempo a la meditación. Ella recomienda que si hay posibilidad de suspender las jornadas laborales completamente durante la maternidad, se estará más concentrada. No significa que la yoga garantice un parto natural o que no existan complicaciones durante el mismo.

“Cuando un bebé viene atravesado, a pesar de que la madre cumplió con todos los ejercicios, esa situación no se puede cambiar. Puede ser que algunas veces sí funcione y otras no”.

También existen clases después del parto, que permiten una recuperación física más rápida. En el aspecto mental, las practicantes de yoga no sufren depresiones post parto. Aunque el yoga no indica cómo desarrollar específicamente la etapa de lactancia, algunos maestros, como es el caso de María Eugenia, capacitados de manera independiente, dedican una sesión del curso para aclarar dudas y promover que sus alumnas amamanten a sus bebés.

La base para que una mujer embarazada aspire a una mejor maternidad es además de la salud, la información. Los maestros que impartan clases deberán estar certificados por organizaciones dedicadas al yoga, que exigen no sólo un curso, sino varios: la yoga en sí es una filosofía de vida. Por ello no importa que la mujer siga con rutinas después del alumbramiento. “Una vez que lo aprendes no lo puedes dejar porque te hace sentir mejor”.

María Eugenia Reyes imparte para clases para embarazadas martes y jueves. El centro Kundalini Yoga se encuentra en la calle Justicia número 2964, colonia Providencia, en Zapopan, Jalisco. Los números telefónicos son 36 40 45 21 y 36 41 62 35. También imparte clases particulares.

 

Las rutas ancestrales de los antiguos caminantes del Occidente de México (2)

Sierra del Occiddente mexicano. Foto: Denis Hernández.

Sierra del Occiddente mexicano. Foto: Denis Hernández.

12

Antes de cruzar la avenida, el Antropólogo pasó su brazo alrededor de la cintura de la muchacha. Lo hizo de modo natural, consecuencia de la comida, que al final resultó suculenta y grata. Tras la ingesta de los pescados asados sobre brasas de leña michoacana; de las tostadas de carnoso ceviche, cortado en blandos y regordetes trozos, curtidos previamente al limón y al perejil. De la conversación enriquecida con la risa sexy y blanca de la fémina, y del oscuro humor del hombre, quien gustaba burlarse sobremanera de sí mismo, riendo y contemplándose ante el espejo tragicómico de su  borrada autoimagen, ya desgastada  y derrumbada por las vivencias y los tropezones de la vida. Luego también de los espumosos cafés capuchinos y del pastel de las tres leches, el favorito de Yhajaira, ordenados al finalizar el copioso festín.

La muchacha se sorprendió no sólo riendo, sino carcajeándose con las ocurrencias del Científico. Así que acordar ir al cine para pasar el resto de aquella tarde-noche juntos, era algo automático y fácil.

Se dejó rodear por el brazo del hombre, complacida, sintiendo un calorcito que le reconfortaba su cintura. Luego avanzaron  hacia la plaza comercial donde se ubicaban las cerca de veinte salas cinematográficas.

Déjame escoger la película a mí,  ¿sí….?

Le susurró la chica mientras continuaban abrazados, mirando los letreros gigantes donde se presentaban cerca de veinte opciones distintas para elegir en diversos horarios durante el resto de la tarde ya oscurecida.

Una de Tarantino estaría bien….

Lanzó el Científico sin desear presionarla, pero evidenciando que no estaba dispuesto a someterse a dos horas de tortura, aguantando un churro hollywoodense irrespirable.

Yhajaira vaciló, meditó la opción que le brindaba el hombre: Inglorious Bastards, la última película de Quentin Tarantino. Quería complacerlo, pero temía por otro lado verse abrumada por un filme hiperviolento que la haría sentirse nerviosa, incluso durante varias horas después de salir del cine. Lo pensó mucho, miró al hombre, casi aburrido por su indecisión, y decidió darle por su lado.

Yhajaira era una chica inteligente. Aunque no terminó sus estudios primarios leyó todos los libros que caían en sus manos, muchos recomendados por clientes bastante cultos, como buenas novelas, best sellers,  y respetables libros de autoayuda. Conversó igualmente durante sus años de bailarina con todo tipo de hombres, de los más variados estratos sociales y niveles culturales, desde campesinos y choferes de camión hasta profesores universitarios, artistas e intelectuales. Todos cautivados por sus encantos. De todos ellos aprendió o se quedó con algo. Así que en su haber se encontraban almacenadas y concentradas un sinnúmero de experiencias propias y de otros que enriquecían su vida interiormente y la volvían a ella bastante perspicaz y aguzada. Amén de la rica experiencia y sabiduría oral transmitidas por su madrina, la bruja, durante su infancia y adolescencia. Conocía algo de cine, entre un millar de comedias rosas norteamericanas y unas cuantas de terror, tuvo la suerte de contemplar algunas buenas piezas de cine-arte y del cine clásico mundial en compañía de de sus cultos clientes. Así que Tarantino no le resultaba del todo desconocido, aunque en su interior prefería las comedias románticas.

El filme resultó ciertamente sangriento, pero a la vez divertido, incluso bastante inteligente, cosa que ella supo apreciar, pese a sus nervios.

Hacia el final de la película, el científico se acercó a su cuello perfumado y lo besó. Ella volteó su rostro mientras aparecían los créditos finales y unió su boca con la del hombre, que le resultaba insoportablemente varonil e irresistible. Se besaron con el mismo ahínco de la noche anterior. Él no logró evitar acariciar uno de sus pechos bajo la oscuridad, lo fascinó el tamaño del seno, su temperatura, consistencia y forma. Algo se anunció presuroso en su entrepierna, anhelado en todo su esplendor desde años atrás.

¡Sí, señor! Se trataba de una erección amplia, dura, voluminosa y plena, como las de antaño.

Esa noche él se encargó de llevarla hasta su apartamento en un taxi. Pidió al chofer que lo esperara mientras la acompañaba hasta su puerta en el cuarto piso de su edificio.

Ella era un ser de luz de tan contenta. Él emanaba entusiasmo por todos los poros. Quizá en ese frenesí de deseo y alegría, la sinceridad los arrastró hasta el límite de sus actos al despedirse. El Científico ya se creía enamorado. Por su parte, Yhajaira pretendía mostrar todas sus cartas desde un inicio y no esconder nada. Sus numerosas experiencias con el sexo y el amor le enseñaron que si quería que las cosas salieran bien, antes que nada debía ser lo más sincera posible.

Durante muchos años… Dijo tímidamente el Antropólogo. He tenido problemas de erección…. Y creo que por fin me estoy curando….

Ella sonrió sin ninguna malicia al escucharlo, luego pronunció, serena pero un tanto conmovida:

Yo nací con un pequeño pene, pero soy una mujer de pies a cabeza….

No lo dudo ni por un momento. Agregó el Científico.

Y se besaron en la oscuridad del pasillo.

2

La mañana volvió a transcurrir rápida y con mucha agitación, ascendiendo por interminables escaleras de roca, escalando cerros, trepando el tronco de viejos árboles, corriendo y sumergiendo los pies en charcos y riachuelos. Todo era por seguir el paso al viejo Pedro Evangelista, pero en esta ocasión no pretendía  entrevistarlo ni obtener sus testimonios como chamán para redactar algún libro.

¡Ay, ya no puedo más…

Se quejó el Antropólogo.

¡Aguanta! Si quieres curarte de tu sexo tendrás que hacer lo que yo te pida.

Ordenó el anciano.

¡Ya tengo hambre y no me quedan nada de fuerzas….!

Insistió el Científico.

Parte de las prescripciones del brujo para que el Antropólogo superase su impotencia sexual, consistían en practicar bastante ejercicio todos los días y muy temprano, pese al frío y la lluvia. Así como erradicar por completo de su vida el vicio del cigarro. Según el indio, bastante de su problema de erección se debía al consumo de tabaco excesivo, mismo que minó en los últimos años el trabajo de su corazón y de su circulación sanguínea, incluyendo en su sexo y en todos los vasos que irrigaban la totalidad de su cuerpo. El Científico sabía que hasta sus ojos comenzaban a sufrir las consecuencias del daño a la circulación de su sangre, mermando su capacidad visual y poniendo en riesgo su valorada percepción de imágenes variadas, paisajes, colores y luz, a los cuales tanto amaba. La graduación requerida por sus anteojos aumentó en un tiempo relativamente corto, junto con el grosor de los cristales. Sentía tristeza al tomar de repente conciencia de cómo permitió que su salud física y espiritual se deteriorase tanto en los últimos años a causa de tonterías, decepciones y apegos que no valían la pena, también de hábitos alimenticios deplorables.

Para que su pene se irguiese de nuevo con normalidad, debía oxigenar la totalidad de sus células, echar a andar los músculos y fortificar el corazón y los pulmones. De modo que la sangre pudiese irrigar con la suficiente presión su verga, tanto como para conseguir una erección firme y poderosa, durante el tiempo adecuado y disfrutar de nueva cuenta del sexo.

Así mismo, debía abandonar casi por completo la ingesta de carne, principalmente de vaca y cerdo, también la leche y los quesos que tanto le gustaban. El exceso de grasas y proteínas animales contribuía del mismo modo, según le señalara el brujo, a la obstrucción de sus venas y arterias y al enlentecimiento de su flujo sanguíneo. En su lugar, ingerir demasiados vegetales y cereales. Dejar del todo los refrescos embotellados y cualquier tipo de alimentos procesados a los cuales Pedro Evangelista solía llamar “comida basura”. El panorama futuro en cuestión de su fascinación por la comida y el tabaco se presentaba triste. Pero todo aquello valía la pena si es que lograba que su miembro se echase a andar de nuevo. La posibilidad de estar en la intimidad con Yhajaira lo estimulaba demasiado.

Desayunaron de nueva cuenta sentados sobre rocas volcánicas arrojadas por el nacimiento del Paricutín hace casi cien años y acomodadas igual que asientos en derredor del fuego. Congregados en torno a la lata de manteca calentada con brasas de carbón que servía como estufa a la indígena purépecha, quien vendía pescados fritos, tortillas hechas a mano y diferentes guisos michoacanos. Junto a ellos se encontraban otros indígenas, campesinos, turistas curiosos de la comida michoacana y deportistas mestizos que echaban un taco de frijoles con chile y queso o un pescado frito en manteca de puerco después del ejercicio físico matinal en los linderos del Parque Nacional.

El hombre se vio obligado a comer un plato de verdolagas con jitomate, cebolla y chile serrano, también unos tacos de ensalada de nopales con cilantro y una trucha pequeña hervida al vapor. En lugar de refresco embotellado, apuró sus bocados con tragos de helada agua natural, extraída de los manantiales del parque. Su lengua y sus papilas gustativas extrañaron el estímulo fuerte, excitante y adictivo para su gusto, de la manteca enchilada y la carne con mucha sal que lo enloquecían a diario. A pesar de ello, su paladar mal educado y consentido durante toda una vida con los antojitos mantecosos y salados, comenzó a apreciar las ensaladas de vegetales crudos con tortillas y chile, y la carne blanca de pescado con poca sal y cero grasas.

(Segunda de tres partes).

 

*Carlos Filiberto Cuellar. (Guadalajara, México, 1976). Es escritor y psicólogo. Actualmente vive en Colotlán, hacia el Norte de Jalisco, y labora en la Universidad de Guadalajara. Sus novelas: Tristísima (Deauno.com, 2008) e Histérica y Adorada: Cuentos de Psicoanálisis en México (Deauno.com, 2007), además del libro de testimonios: Hombres de a Pie: Dos Chamanes del Occidente Mexicano, pueden ser consultadas en la página electrónica: www.amazon.com Su correo personal es: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

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