Thomas M. Disch, la historia de un escritor homosexual de ciencia ficción reflexiva

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Thomas M. Disch.
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La gente se congrega afuera de una clínica que practica abortos. Es una manifestación de la Acción Católica de Minessota en contra de los usuarios de la misma. Madres de familia frustradas, solteronas con instintos maternos truncados, hombres mayores de treinta y ocho años con disfunción, asiduos del templo y del coro religioso. Fervientes militantes de grupos cristianos, del Partido Republicano estadounidense: vampiros moralistas y chupasangres del pecado ajeno; desempleados, amantes de inmiscuirse en lo que no les incumbe. Cuando el taxi que transporta a la joven con dos meses de embarazo se aproxima para ingresar al estacionamiento, una chica de doce años se arroja sobre el cofre, llorando y suplicando por la vida que aun se estremece de miedo ante el tumulto callejero dentro de su húmedo nido en el útero. Es una catequista, quien pretende impedir el paso a la joven madre. Cuando la policía se la lleva por la fuerza y le coloca las esposas, la pequeña manifestante católica eleva sus manos encadenadas al cielo y cierra sus ojos, agradeciendo la inmolación, se enorgullece de convertirse en mártir.
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En la Parroquia de San Bernardino en Minessota, la Acción Católica planea instalar una “Clínica de Internación” en la que pretende ingresar por la fuerza a jóvenes madres embarazadas con intenciones abortivas, desde luego que con consentimiento de sus padres, para evitar que interrumpan la vida de sus frutos. La parroquia es un ex-búnquer anti nuclear, resquicio de la Guerra fría. Plagado de túneles, celdas, camas con seguros de cuero y sujetadores de metal para someter a las madres que se empeñen en negarse a mantener la vida que llevan dentro. Más bien parece un penal psiquiátrico que un recinto cristiano. Ya tienen a tres chicas en cinta recluidas. Dos de ellas se han resignado, una de ellas incluso se ha convencido de que estaba en el error y se ha reconvertido al camino de Dios. La última yace atada a su cama, sedada; mordió a su celadora al intentar huir: una ex-monja de una congregación francesa que desapareció en los cincuentas porque su santo patrono colaboró con los nazis y denunció a un grupo de judíos fugitivos. Quien administra la parroquia de San Bernardino es el Padre Patrick Bryce, un erudito opositor al aborto y al divorcio, asesor de papas y obispos, líder de la Acción Católica, también con un turbio background moral, jurídico y sexual. La policía aún no está enterada del proyecto.
3
El escritor chileno Pedro Lemebel dijo alguna vez que era triplemente marginado: la primera por ser homosexual, la segunda por nacer en un país del tercer mundo, y la tercera por ser escritor. Thomas M. Disch es igualmente tres veces marginado: por ser homosexual, por ser escritor, y por ser un norteamericano de izquierda. Es…, perdón, fue, marginal hasta en su género literario. Se negó a escribir libros comerciales, ferviente crítico de la iglesia, de los gobiernos republicanos y demócratas, de la hipocresía y falsedad de la sociedad estadounidense. Escribió libros de fantasía y ciencia ficción en una época en que no eran nada rentables. No conforme con ello, utilizo la fantasía de sus obras para denunciar injusticias, atacar totalitarismos y ortodoxias en Estados Unidos. Intentó participar en innumerables concursos literarios, calificó en muchas ocasiones. Nunca ganó el suficiente dinero para vivir. Sus obras, a pesar de combinar una enorme erudición, pues fue un gigantesco lector, poseedor de una notable biblioteca, con un estilo pop, ligero, fluido y magistral, así como metáforas bellísimas, frases y párrafos perfectos y elegantes, y personajes de increíble complejidad, resultaban difíciles de comprender y catalogar. Los seres que habitan su obra: a ratos demonios, seres del inframundo, desertores del infierno, íncubos y súcubos, ángeles renegados, violadores, pederastas, prostitutas… Ante la dificultad de catalogar sus libros, los críticos proclamaron recientemente a Disch fundador de un nuevo subgénero: la Ciencia Ficción Reflexiva.
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El padre Patrick Bryce ha seducido monaguillos de entre trece y quince años de edad durante décadas. También los inicia sexualmente. Ha salido apenas librado de varias demandas en su contra por abuso sexual; el Vaticano tuvo que pagar grandes cantidades de dólares para acallar abogados y familias damnificadas por su sed insaciable de jovencitos. Una vez que logra seducirlos, se aburre de ellos. Lo que lo excita no es simplemente la corta edad, sino la inocencia y la resistencia inicial de sus víctimas. Luego los desecha como rastrillos de plástico. También es chantajeado continuamente por sus ex-novicios, a quienes atrapó en el pasado: unos pretenden sacarle dinero, pues la parroquia que administra recibe cuantiosas limosnas y él mismo es amigo de políticos conservadores. Otros pretenden obligarlo a que utilice el búnquer de San Bernardino no para acoger madres desprotegidas, sino para convertirlo en una clínica que brinde cobijo a homosexuales católicos con VIH. Otros más de sus antiguos amantes, los más peligrosos y dementes de entre todos, pretenden alejarlo del catolicismo y apoderarse de su alma, convirtiéndolo al satanismo y a sectas que creen lo mismo en Belcebú, que en la reencarnación y en las posesiones extraterrestres.
5
La historia del padre Pat Bryce fue creada por Thomas M. Disch. Su libro: El Cura actualmente puede ser conseguido en edición de bolsillo, a un modesto precio en México. Ninguno de sus textos fue demasiado exitoso cuando estaba vivo. Con habilidades notorias para el dibujo, Disch se vio obligado a sobrevivir retratando a lápiz a la gente en las calles y los parques. También era un hombre noble, escribió ensayos y columnas a favor de las minorías, las sociedades protectoras de animales y las causas perdidas. Apoyó a candidatos políticos alternativos. En buena parte por ello fueron ignoradas durante mucho tiempo sus obras. Thomas M. Disch fue un buen amante: tuvo la fortuna de encontrar al gran amor de su vida, con quien vivió muchos años.
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Thomas M. Disch tenía los antebrazos bella y completamente tatuados, era un fanático de los tatús. El padre Pat, chantajeado por uno de sus monaguillos se ve obligado a tatuarse una enorme iconografía de Lucifer en todo el pecho. A partir de entonces se transforma en Silvanius, un inquisidor del siglo XII que condenó a una papisa de los cátaros de quien estaba enamorado, solamente por el placer de verla morir en el potro. Una vez que consigue apresar a Dalila, la lideresa pagana, Silvanus le manda cortar los pechos y sufre una monstruosa erección mientras la contempla morir de dolor y desangrada. Luego el inquisidor se desmaya de pena y placer, se da cuenta que la amaba. Pero así como Silvanius se apodera del cuerpo de Pat, el padre Patrick por su parte aparece repentinamente siendo obispo de Monpellier, en el cuerpo de Silvanius. Pat cree al inicio que se trata de un sueño, pero lo sorprende que en el sueño pueda saborear vinos tintos medievales y verse su luciférico tatuaje. Por su parte Silvanius al despertar en el siglo veinte, también tatuado,cree haber muerto y aparecido en el infierno, condenado al fuego eterno por dar muerte a su amada y por lujuria. Los chamanes creen que cuando uno sueña que sueña, o es consciente de que está soñando en medio de sus sueños, se encuentra enel inicio de la iluminación. Es quizá, que a pesar de que Pat y Silvanius son sucios pecadores, que Disch les concede en su novela no sólo el perdón celestial, sino la dicha de la iluminación infernal.
7
Cuando el gran amor de Disch murió tras una enfermedad crónica que le postraba en la cama desde años atrás, y el escritor norteamericano, pobre, habiendo gastado todos sus ahorros en intentar salvar a su amante, sin dinero, sintiendo que ninguno de sus libros trascendería, tomó la decisión final. Apenas superaba los sesenta años, a últimas fechas ya casi no escribía, triste, decepcionado de los libros, le resultaba imposible encontrar editores interesados en sus obras, sobre todo durante los periodos del presidente Busch. Había intentado emprender una carrera como dibujante y pintor. Se prometió a sí mismo nunca perder la sonrisa a pesar de todo. Fue encontrado en su apartamento, el veredicto fue suicidio. Era Julio de 2009.
*Carlos Filiberto Cuellar. (Guadalajara, México, 1976). Es escritor y psicólogo. Actualmente vive en Colotlán, hacia el norte de Jalisco, y labora en la Universidad de Guadalajara. Sus novelas: Tristísima (Deauno.com, 2008) e Histérica y Adorada: Cuentos de Psicoanálisis en México (Deauno.com, 2007), además del libro de testimonios: Hombres dea Pie: Dos Chamanes del Occidente Mexicano, pueden ser consultados en la página electrónica: www.amazon.com Su correo personal es:
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Felicidades maestro por tan magistral transportaciòn hacia ese mundo de caos mental.