Miércoles Marzo de 10 de 2010
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América Latina

El otro Haití, el que está más allá de la miseria y el terremoto

Jacques Roumain, poeta haitiano.

Jacques Roumain, poeta haitiano.

Quito, Ecuador.

Haití ha sido y es tierra de grandes escritores y a modo de ejemplo caben señalarse al menos algunos nombres:

Jacques Roumain (1907–1944) fue educado en Europa, pero volvió a Haití en 1927 para luchar contra la ocupación norteamericana. Fue presidente de la Liga de la Juventud Patriótica de Haití, que lideró la agitación nacionalista. Pese a las reiteradas prisiones que sufrió, fue un fecundo escritor y publicó varias obras de cuento y poesía. En 1934 fundó el Partido Comunista de Haití, lo que le valió un carcelazo de tres años y finalmente el exilio. Viajó por Europa y EE.UU., donde hizo amistad con escritores como Langston Hughes. Volvió a su país en 1941 y fundó la Oficina de Etnología, destinada a estudiar a los campesinos de Haití. En 1943, el presidente Lescot le nombró embajador en México, donde publicó el poemario “Ébano” y la novela “Gobernadores del rocío”. Para cuando murió, a sus 37 años, ya era considerado un notable poeta panafricano, aclamado en Europa y América Latina.

Félix Murisseau–Leroy (1912–1998), hijo de la alta clase mulata, fue pionero y animador del uso de la lengua criolla haitiana, el “créole”, en la literatura y el arte de su país. Tras estudiar en EE. UU. y graduarse en literatura en Columbia University, volvió a Haití y se dedicó a la enseñanza, las letras y el periodismo. Como Director Nacional de Educación, en 1961 logró que el creóle fuera reconocido como la lengua oficial. Empero, Duvalier consideró que su obra intelectual era subversiva y lo echó del país. Desde entonces vivió exiliado en Ghana, Senegal y EE. UU., donde desarrolló una notable obra, traducida a numerosos idiomas, y ayudó al desarrollo de la educación pública y la literatura en África.

Emile Olivier es profesor, investigador, pensador y novelista. Estuvo entre los cuatro millones de haitianos que, en tiempos de Duvalier, huyeron de su país. Promotor del negrismo en la literatura haitiana, ha vivido exiliado desde 1965 en Québec, Canadá, donde ha ganado numerosos premios literarios, con una obra muy pulida y casi exigüa, integrada por tres novelas sobre el tema del exilio y la emigración: “Madre Soledad” (1983), “La Discorde aux cent voix” (1986)
 y “Pasajes” (1991). Por otra parte, Olivier, al igual que otros intelectuales haitianos radicados en Canadá, ha contribuido al desarrollo de la ideología nacionalista de Québec.

Edwidge Danticat, hija de emigrantes haitianos, llegó a los Estados Unidos cuando tenía doce años y después de diez años de separación de sus padres. Obtuvo un grado en Literatura Francesa y una maestría en la Universidad de Brown. A sus veinticinco años publicó su obra “Palabra, ojos, memoria” (1994), y luego su libro de cuentos “Krik? Krak!” (1997) y su novela “Cosecha de huesos”, que recrea la masacre de los haitianos en la República Dominicana, en 1937, por orden del dictador Trujillo, y que muestra personajes haitianos y dominicanos que viven en dos mundos paralelos. Aunque escribe en inglés, sus novelas están cargadas de haitianidad. Ella ha ganado el Premio de Cuento Pushcart y el Nacional Book Award, de EE. UU. y su obra ha sido traducida a más de diez idiomas.

 

El otro Haití

Martha Jean Claude.

Martha Jean Claude.

Quito, Ecuador.

Después de varios siglos de colonialismo y neocolonialismo, que arrasaron con los bosques haitianos para plantar caña de azúcar y café, ahora Haití es víctima del “colonialismo humanitario”, método por el cual las grandes potencias occidentales han ocupado el país, arruinado su capacidad de producción alimenticia, desmembrado el Estado haitiano y confiado el manejo del país a las famosas ONG.

Para justificar ese nuevo modelo colonialista, una acción clave es la difusión de noticias e imágenes que muestran un país famélico, deforestado y miserable, es decir, un país inútil y mendigo, incapaz de manejarse a sí mismo. Y coadyuvando a eso están la prensa y la televisión amarillistas del mundo entero, que han caído como buitres sobre la tragedia, en busca de imágenes escandalosas que impacten a una audiencia ansiosa de carroña televisiva.

A ninguno de esos periodistas se le ha ocurrido pensar que, detrás de las imágenes de la miseria y el terremoto, hay otro Haití, digno y profundo, que lucha contra la pobreza interior y la explotación externa. Ese otro Haití está constituido por políticos serios, intelectuales combativos y artistas maravillosos, que desde hace décadas han puesto su empeño en rescatar a su país de las garras del pasado, para insuflarlo de dignidad nacional y llevarlo hacia un horizonte de orden, justicia y progreso.

Recuerdo en este momento los nombres de Gerard-Pierre Charles y Suzy Castor, notables intelectuales y defensores de los derechos humanos. Exiliados en México por 25 años, fundaron en la UNAM el Centro de Estudios del Caribe y la revista “El Caribe Contemporáneo”, a la vez que escribían libros famosos, ganaban premios y combatían a la dictadura de Duvalier. Volvieron a Haití a la caída de Baby Doc e impulsaron el frente político que llevó al poder a Aristide. Pero éste se torció y ellos denunciaron la corrupción y tiranía de su gobierno, lo que les valió nuevas persecuciones. Gerard fue candidato al Premio Nobel de la Paz y murió en 2004. Suzy sigue en combate y ha recibido un Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Santo Domingo y el Premio Juan María Bandrés, por su defensa de los refugiados y la democracia.

Recuerdo también a la notable actriz, escritora y cantante Martha Jean Claude, máxima exponente de la canción haitiana, quien dio fama a la cultura musical de su país. Vivió en Venezuela y Cuba, cantó a dúo con Bola de Nieve y Celia Cruz, y dio numerosos conciertos en Haití, Cuba, Francia, Estados Unidos, Ecuador y otros países. Sobre su vida se hizo el documental “Mujer de dos islas”. Martha murió en 2001, en Cuba.

Y no puedo olvidar a otros nombres famosos de la cultura musical haitiana. A la cantante Emmeline Michel, de prestigio internacional. Al talentoso músico Michel Martelly (Sweet Micky), que recuperó y dinamizó los ritmos populares haitianos y conquistó fama internacional con su disco I Don’t Care.  Y al joven músico y cantante Wyclef Jean, promotor del desarrollo sostenible y defensor de los refugiados haitianos en EE.UU., uno de cuyos álbumes, The Score, ha vendido más de 18 millones de copias desde 1996.

 

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