Sábado Septiembre de 04 de 2010
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Nederwiet, el cultivo legal de mariguana en Holanda

Foto: Viviana Mejenes-Knorr.

Foto: Viviana Mejenes-Knorr.

Holanda.

En los años setenta el reino de los Países Bajos se dio cuenta que participar en la “guerra contra las drogas” era sinónimo de energía desperdiciada, aun cuando muchos países perpetúan dicha disputa. El gobierno neerlandés ejerce entonces condiciones más contemporáneas y da vida a la política gedogen (Gedogen es un término holandés difícil de traducir concretamente; lo más próximo a su significado, en un contexto muy amplio, yace en: sobrellevado, despenalizado).

 No obstante fue hasta los ochenta cuando el medio de la droga alcanza un estado más filosófico en el país y se establecen los coffeeshops (término inglés que significa cafetería pero en Holanda encarna a los establecimientos donde se permite fumar el porro y consumir las yerbas en el ‘menú’). El sistema deja claro su consentimiento por el rito de las drogas blandas (marihuana, cannabis, hachís u hongos alucinógenos) y reafirma el desapruebo al consumo de las drogas duras (heroína y cocaína).

 Mientras las drogas duras no sean introducidas en los coffeeshops y los propietarios (con el permiso oficial) se encomiendan a prosperar su negocio moderadamente, la comunidad logra así coexistir pacíficamente. El mercadeo de la marihuana en Holanda es un mercado excesivamente regulado, donde no se permite hacer lujo de exuberante publicidad.

 Desde entonces en el país, toda persona porfiada con las hierbas (sin licencia para cultivarlas o venderlas) puede llevar consigo un máximo de cinco gramos sin ser amonestado. Si bien, hablando de manera devota, las drogas blandas no llegan a ser ortodoxamente legales por lo que la política gedogen encierra explícitamente – táctica pragmática que continúa dejando perplejos a los observadores de todo el mundo.

 La innovadora estrategia oficial estima así que al suprimir de la esfera ilícita la venta de las drogas blandas, se ha creado una barrera transparente y distintiva con el rol poco seductor de las drogas duras. Asimismo, el régimen negocia regular el uso del cannabis y recolectar impuestos del ejercicio, y a la par, se propaga acerca de los daños causados como resultado de su consumo habitual.

 Aun con dicho control en el país, no deja de haber quienes sacan provecho de la diplomacia audaz, y se arriesgan a importar o portar la droga creando contrariedades porque en otros países el producto es ilícito.

 Por otra parte, la actitud generosa de los holandeses hacia las drogas blandas está lejos de simbolizar su consumo como algo “normal”, y mucho menos es una conducta nacional. La mayoría de los nativos relegan su estilo sosiego, cuando la impertinencia resplandece y se aproxima la oleada veraniega del “turismo drogo” (drug tourism). Debido a un incidente de este tipo en 2008, los alcaldes de ciertas ciudades en el sur del país cerraron ocho coffeeshops ¿La razón exacta?, descontentes originados por visitantes “pasados” de hierbas vedadas en su país.

 Fumarse un canuto o porro en lugares públicos no es tampoco muy aconsejable; dicha conducta se compensa con miradas degradantes por ser considerada juvenil o de desesperación. Los originarios de Ámsterdam, por citar un ejemplo, acogen a todo visitante pero se muestran poco afables con quienes sólo vienen a narcotizarse y deambular por las calles haciendo gala de su estado anímico. Como ocurre en todas las sociedades liberales, la moneda tiene dos caras. Sí, en Holanda se permite “hacer mucho” como beneficiarse de la libertad de expresión, pero también la lleva uno tranquila mostrándose sutil, civilizado y comprometido por mantener una conducta pacífica y cuerda con el pueblo.

 Así como Escocia y Francia tienen sus catadores de güisqui y vino respectivamente, Holanda tiene su excelencia en la industria del cannabis. El país cultiva su propia mata la cual es mejor conocida como “Nederwiet”, convirtiendo al cultivo, en una ciencia abastecedora de cientos de linajes herbarios, los cuales son el resultado de la clonación. La marihuana cultivada en los Países Bajos se distingue por lograr un efecto potencialmente alto con concentraciones de una sustancia conocida como THC (contenido psicoactivo primordial del cannabis). El Nederwiet proporciona un efecto alucinante rápido, con la objeción de los científicos, quienes aluden a la sustancia como la causante de la dependencia.

 Si bien Holanda no tiene característicamente clima tropical para el cultivo de la marihuana, tal se puede efectuar artificialmente (y a veces ilegalmente) en los interiores de establecimientos u hogares. Las normas de seguridad civil son de estilo estricto y la vigilancia policíaca ha hecho más difícil su cultivación ilegítima. Según criminólogos de la universidad Erasmus de Rótterdam, cada año durante la última década, la policía neerlandesa ha desmantelado alrededor de seis mil establecimientos de cultivo ilícito.

Por supuesto existe la oposición a la política complaciente (gedogen). Los partidos gubernativos devotos como el cristiano CDA (Christian Democratish Appèl), que tiende a patrocinar su desacuerdo y anhela la clausura de todo negocio herbario y la prohibición de dicha política “indecorosa”. Sin embargo el líder del partido PvdA (Partij van de Arbeid) Jon Cohen, expresa su leal apoyo hacia la ley porque "detener la política gedogen, significa tomar el camino más fácil. La gente olvida la razón por la cual comenzamos con ella: separar la droga blanda de las duras. En los Países Bajos aun lo seguimos haciendo mejor que en cualquier otro lugar. Eso no es algo a resolver con un volado" Cohen, J. (2009 DutchAmsterdam.nl). Cohen no niega la existencia de los inconvenientes causados como las poco celebres riñas con turistas intoxicados (británicos notoriamente), y objeta que un porro en sí, no es el causante del altercado, sino la persona.

 Esta división de conceptos en el parlamento ha logrado para bien o para mal, reducir la existencia de coffeeshops en el país. Sin embargo, gracias a la innovadora política gedogen, Holanda ha demostrado minimizar las consecuencias negativas incitadas por el impacto de la aceptación a las drogas blandas.

 Y mientras los mandatarios deciden perpetuar o no “el Siglo de las Luces” de los Países Bajos, si en tus planes veraniegos está tronártelas en Ámsterdam, te recomiendo tomar en cuenta las sugerencias aquí especificadas, y venir lo más pronto posible, pues nadie sabe concretamente cuánto tiempo estará en brío.

 

El futbol y las telenovelas: la escuela de los mexicanos

Cámara de televisión. Foto: Avenida 24.

Cámara de televisión. Foto: Avenida 24.

México.

IBOPE AGB es una empresa trasnacional que opera en México y su actividad principal es generar información sobre el uso y consumo de medios de comunicación masiva. Como bien se podrán imaginar, la información que producen es muy costosa y solamente la pueden tener aquellos que pagan por ella. Sin embargo, desde hace un par de años, IBOPE México ha decidido liberar parte de su información cuando ésta ya no resulta tan atractiva para sus clientes. Por ejemplo, hace unas semanas publicó un compilado de datos sobre el consumo mediático de los mexicanos durante 2009, el cual revela datos muy significativos.

Antes de entrarle a la carne del informe, vale apuntar dos cuestiones. IBOPE es una empresa monopólica, pues si uno quiere saber cuál es el consumo de medios de los mexicanos, hay dos opciones: o comprarle la información a esta empresa o procesarla uno mismo. Este carácter monopólico levanta muchas suspicacias, pues IBOPE asegura, por ejemplo, que mide los niveles de audiencia en televisión, a través de un dispositivo que instala en los televisores de distintas familias en la República mexicana (people meter). Hasta el día de hoy no he conocido a nadie que tenga ese aparato, tampoco he sabido de la típica historia de que un primo del amigo de la mamá lo tiene. Evidentemente, el que una sola empresa realice este trabajo, puede tener implicaciones serias, pues no sería muy complicado que alteraran ciertos resultados para que la televisora x o y pueda vender más caros sus spots.

La segunda consideración es que el IBOPE construye estos datos desde una lógica comercial y mercadotécnica, por lo que sus metodologías son acríticas y pragmáticas, pues esta información tiene un objetivo muy claro: describir un mapa de consumidores de medios, para que las empresas puedan saber qué vender, cómo venderlo y a quién engatusar para que consuma. Recordemos que en el caso de los medios electrónicos, léase radio y televisión, el negocio está en vender a los anunciantes el tiempo que la audiencia dedica a consumir estos productos comunicativos. (En efecto, el negocio de Salinas Pliego o Azcárraga Jean no es vender comerciales; es vender el tiempo de las audiencias a las empresas que buscan consumidores).

Dichas estas advertencias, retomo el hilo de algunos datos que arroja el “Anuario 2009-2010: audiencias y medios en México”. Y comienzo con el tema del consumo de televisión de los mexicanos. Según relata IBOPE, el promedio de consumo televisivo en un hogar mexicano promedio es de nueve horas con veintitrés minutos. El dato es escalofriante si se compara con las mediciones que han hecho en los últimos años: en 1998 el promedio era de ocho horas con once minutos, lo que implica un incremento, en diez años, de más de una hora. En 2009 el consumo televisivo de un mexicano promedio en “un día típico” fue de cuatro horas con cuarenta y un minutos. Este dato dice, entonces, que en promedio dedicamos una quinta parte de nuestra existencia al consumo de televisión.

Las nueve horas en promedio que las familias mexicanas ven la televisión, o las casi cinco que individualmente le dedicamos a la pantalla podrían ser provechosas si los contenidos fueran, al menos, los de telesecundaria o de plano un documental de los años ochenta de National Geographic sobre la sabana africana. Sin embargo, los datos que ofrece el IBOPE dicen que a los mexicanos nos gustan las telenovelas y el futbol. En otras palabras, gustamos de los culebrones y de sufrir con ganas (cómo no sufrir con “Los exitosos Pérez” o con los juegos del Atlas o la Selección mexicana). A lo largo de 2009, la lista de las diez emisiones de mayor audiencia (rating), fueron las telenovelas del eterno Canal de las Estrellas y enumero: “Sortilegio”, “Mañana es para siempre”, “Hasta que el dinero nos separe”, y “Corazón Salvaje”.

Para completar esta lista, el IBOPE hizo un compilado de las emisiones televisivas de mayor raiting de 1998 a 2009. En total, enumera 28 sucesos de gran trascendencia: once de ellos, es decir, casi el 40%, refieren a partidos de futbol de la liga mexicana o de la selección en su paso por las eliminatorias de la CONCACAF o en el Mundial de la especialidad; cuatro episodios son del campo político, como la toma de posesión de Felipe Calderón o López Obrador; tres emisiones, las de más alto raiting de todos los tiempos, fueron los días más conflictivos del brote de influenza del año pasado; y otros eventos como puede ser la muerte de Paco Stanley, el atentado contra las Torres Gemelas o los primeros días de la invasión de Irak por parte del ejército estadounidense.

Los datos que revela el estudio del IBOPE no son alentadores, al menos para mí; supongo que la presentación de estos informes ante el consejo de una televisora o ante el área de publicidad y mercadotécnica de grandes empresas, debe generar que a más de alguno se le caiga la baba al observar la mina de oro que tienen ante sí: una masa de consumidores que caen rendidos ante la seducción televisiva.

Niklas Luhmann, un brillante sociólogo alemán que dedicó buena parte de su obra al estudio de los medios de comunicación, dice en su libro La realidad de los medios de masas, que: “lo que sabemos sobre la sociedad y aun lo que sabemos sobre el mundo, lo advertimos a través de los medios de comunicación de masas”. Y Manuel Martín Serrano, un filósofo español, señala que en las sociedades modernas conocemos el mundo a través de tres procesos: uno empírico, otro vicario y otro que se posibilita gracias a los medios de comunicación masiva. En lo personal no me queda duda que hoy en día, la mayor fuente de conocimiento de la sociedad mundial está en los medios de comunicación. Esto me lleva a pensar que la comunicación es un bien público y que no puede estar exclusivamente en manos privadas, pero tampoco bajo el monopolio del Estado. Debe ser, repito, un bien público. No pretendo insinuar que debemos consagrar nuestro sistema de televisión a programas educativos y culturales, pero es urgente que haya una mayor pluralidad en los contenidos, una libre competencia. Si seguimos con la dinámica de telenovelas y futbol, no nos extrañe que el presidente Calderón tome una decisión importante, como lo fue la extinción de Luz y Fuerza del Centro, mientras un sábado por la noche, el país, borracho de felicidad, festejaba su paso al Mundial de futbol. Con estos hábitos de consumo mediático, los domingos de resaca televisiva seguirán siendo lamentables.

 

*Juan Larrosa es coordinador general de “Quid: observatorio de medios”.

www.quidmedios.wordpress.com

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